Septiembre no te pide una versión nueva de ti, sino una más auténtica.
Hay algo que ocurre casi siempre al final del verano. Una inquietud que no tiene nombre claro. Una sensación de que algo ha cambiado, aunque no sepas exactamente qué. Un impulso de volver de otra manera: con el pelo distinto, con el armario revisado, con ganas de parecer —y sentirte— diferente. No es capricho. No…
